Por Lautaro Bedetta

Dejando de lado un poco el partido de ayer, me parece que hay una temática que es mucho mas importante de tocar, mucho más importante de ampliar y de reconocer. Porque en esta sociedad que vinimos estamos atrasados en muchísimos tópicos, pero en cuestiones genéricas no. Hoy en día muchas personas son conscientes de lo que es el amor, que es el amor sin distinción, sin sexo ni género. Como sociedad del siglo XXI avanzamos a grandes escalas con este reconocimiento.

Desgraciadamente, el poder de la opinión popular general, de lo que hoy es apoyo y contención para que aquellas personas puedan salir del closet al que la ciudadanía los metió. Ese poder de todos y todas que hoy en día luchan muchísimo, quizás no llega a ser más que el pensamiento retrogrado de las personas de antaño. Que obviamente va de la mano con las generaciones y de los tiempos, pero que la aceptación del pensamiento, del gusto, del amo del otro no se negocia.

Lo peor también en esta lucha es quizás que el deporte profesional no suma su granito de arena. Porque sigue siendo tabú integrar «LGBTIQ+» en el profesionalismo deportivo. Lo podemos encasillar con el fútbol, dónde la propia vorágine de la disciplina, las propias costumbres y el «manual propio del futbolista» que de manera abstracta te dice como ser y como actuar, porque incluso hubo tiempos en que los jugadores salieron y salen de una fotocopiadora. Y todo esto genera el encierro en el closet de la persona.

Hablando particularmente del fútbol no de otros deportes. Los clubes ayudan, con sus secretarías, con sus capacitaciones, con su granito de arena. Pero esta tan inmiscuida la estructura idílica del futbolista en nuestra sociedad desde hace tanto tiempo que hoy no ser así es tabú. Digo no ser así porque no se trata de ser diferentes, porque se trata del sentir, del pensar, del amar. Mejoramos pero falta muchísimo. ¡Dejemos de encasillar a los deportistas en un lugar y en una personalidad a la que quizás no quieren pertenecer».